Emprendamos el camino de la cuaresma, sostenidos por la limosna, el ayuno y la oración

Comienza el tiempo de cuaresma, tiempo especial de conversión, de cambio de vida. Caminamos hacia la Pascua del Señor que es el acontecimiento mayor de la fe cristiana.

El rito de la ceniza recuerda emotivamente la brevedad de la vida. Se recibe la cruz bajo la advertencia “Cree y acepta el Evangelio” estas palabras apremian una revisión interior de la vida bautismal. Por eso el profeta Joel nos dice en la Palabra: “Rasguen los corazones, no las vestiduras y conviértanse al Señor su Dios”.

Dejemos que la Palabra resuene en el corazón y como nos dice el apóstol Pablo” no echemos en saco roto la gracia de Dios” Es tiempo de salvación, dejemos que Dios nos hable y podamos distinguir su voz en medio de tanto ruido, permitamos que el mensaje del papa francisco nos oriente. “Emprendamos este camino de la cuaresma, sostenidos por la limosna, el ayuno y la oración. Si en muchos corazones a veces da la impresión de que la caridad se ha apagado, en el corazón de Dios no se apaga. Él siempre nos da una nueva oportunidad para que podamos empezar a amar de nuevo”

Es tiempo para: “Dedicar más tiempo a la oración hace que nuestro corazón descubra las mentiras secretas con las cuales nos engañamos a nosotros mismos, para buscar finalmente el consuelo en Dios”.

“Dar la limosna nos libera de la avidez y nos ayuda a descubrir que el otro es mi hermano: nunca lo que tengo es sólo mío”.

“El ayuno, por último, debilita nuestra violencia, nos desarma, y constituye una importante ocasión para crecer”. ( Papa Francisco)


Uno de los nuestros

Cuando Dios emerge en la historia, aparece entre nosotros, se hace persona, no elige ser un VIP, viajar en clase reservada, aislarse detrás de muros y alambradas o gozar de la protección de una cuenta corriente saneada. No viene protegido por ejércitos de guardaespaldas, ni asediado por los flashes de la prensa. Por no traer, ni siquiera trae un pan bajo el brazo. Viene, más bien, con unas cuantas preguntas para los que le rodean: ¿Cómo puede ser? ¿Qué sentido tiene todo esto?

Extraña forma de omnipotencia, la de este Dios transeúnte, que nace en la intemperie de un portal. Pero es la magnífica forma de Dios de acercarse al ser humano. Porque Dios se hizo pobre, frágil, vulnerable. Y por eso va a resultar tan creíble para los pobres, los frágiles y los vulnerables. No vino como un superhéroe, cargado de poderes y prebendas. Su fortaleza está en descubrir(nos) la grandeza del ser humano. El increíble poder del amor al prójimo, capaz de salvar todo tipo de distancias. Su fuerza está en devolver la esperanza a los desesperados, la dignidad a los desarrapados y la entereza a los más rotos.

Y por eso, porque se hizo uno de los nuestros, podemos ahora brindar, en expresión de alegría. Brindar con el agua viva, con el vino compartido, en una mesa en la que no debería haber comensales de segunda categoría. Un brindis que es deseo, compromiso y proyecto: escucharemos tus palabras, seguiremos tus pasos y buscaremos tu Reino.