Dar gracias por la bendición de tener una familia.

La familia es la primera escuela de valores, el escenario principal para la socialización, es el lugar donde primero aprendemos a relacionarnos con los demás, a escuchar y compartir, a ser pacientes y mostrar respeto, ayudarnos unos a otros y a vivir de manera fraterna.

En el contexto familiar se enseña a recuperar la vecindad, el cuidado del otro y de la naturaleza, el saludo, la cercanía, las buenas relaciones. Allí se rompe el primer cerco del mortal egoísmo para reconocer que vivimos junto a otros, que son dignos de nuestra atención, de nuestra amabilidad y afecto.

(Papa Francisco, Amoris Laetitia 276)


¡Resucitó de veras mi amor y mi esperanza!

La alegría de la Pascua es el fundamento de nuestra fe y ésta se basa la certeza y la esperanza que si morimos con Cristo, resucitaremos con él y viviremos con él para siempre. La vida cristiana tiene que ser invertida en Jesús y gastada por los otros. Después de haber encontrado al Resucitado no se puede esperar, no se puede dejar para después; se necesita ir, salir, a pesar de todos los problemas y las incertidumbres.

¿Por qué buscar entre los muertos al que vive? El vive entre nosotros cada vez que amamos y servimos de corazón al hermano, cada vez que abrimos los ojos para ver la realidad y ser sensibles ante el que nos necesita, cada vez que tenemos nuevos motivos para la profunda alegría, en ese día, en esa realidad, Jesús vive resucitado y acompaña nuestros pasos.