¡Resucitó de veras mi amor y mi esperanza!

La alegría de la Pascua es el fundamento de nuestra fe y ésta se basa la certeza y la esperanza que si morimos con Cristo, resucitaremos con él y viviremos con él para siempre. La vida cristiana tiene que ser invertida en Jesús y gastada por los otros. Después de haber encontrado al Resucitado no se puede esperar, no se puede dejar para después; se necesita ir, salir, a pesar de todos los problemas y las incertidumbres.

¿Por qué buscar entre los muertos al que vive? El vive entre nosotros cada vez que amamos y servimos de corazón al hermano, cada vez que abrimos los ojos para ver la realidad y ser sensibles ante el que nos necesita, cada vez que tenemos nuevos motivos para la profunda alegría, en ese día, en esa realidad, Jesús vive resucitado y acompaña nuestros pasos.